Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte –¡Oh! –repuso Kassim sonriendo–. No es nada.
–¡Te juro que es mentira! –insistió ella.
Kassim sonrió de nuevo, tocándole con torpe caricia la mano, y se levantó a proseguir su tarea. Su mujer, con las mejillas entre las manos, lo siguió con la vista.
–Y no me dice más que eso… –murmuró. Y con una honda náusea por aquello pegajoso, fofo e inerte que era su marido, se fue a su cuarto.
No durmió bien. Despertó, tarde ya, y vio luz en el taller; su marido continuaba trabajando. Una hora después Kassim oyó un alarido.
–¡Dámelo!
–SÃ, es para ti; falta poco, MarÃa –repuso presuroso, levantándose. Pero su mujer, tras ese grito de pesadilla, dormÃa de nuevo.
A las dos de la madrugada Kassim pudo dar por terminada su tarea: el brillante resplandecÃa firme y varonil en su engarce. Con paso silencioso fue al dormitorio y encendió la veladora. MarÃa dormÃa de espaldas, en la blancura helada de su pecho y su camisón.
Fue al taller y volvió de nuevo. Contempló un rato el seno casi descubierto, y con una descolorida sonrisa apartó un poco más el camisón desprendido.
Su mujer no lo sintió.