El Alambre de púas
El Alambre de púas Ustedes, sí están.
No va a pasar más aquí,--añadió señalando los alambres caídos, obra de Barigüí.
--Barigüí pasa siempre! Después pasamos nosotras.
Ustedes no pasan.
--No va a pasar más.
Lo dijo el hombre.
--El comió la avena del hombre.
Nosotras pasamos después.
El caballo, por mayor intimidad de trato, es sensiblemente más afecto al hombre que la vaca.
De aquí que el malacara y el alazán tuvieran fe en el alambrado que iba a construir el hombre.
La pareja prosiguió su camino, y momentos después, ante el campo libre que se abría ante ellos, los dos caballos bajaron la cabeza a comer, olvidándose de las vacas.
Tarde ya, cuando el sol acababa de entrarse, los dos caballos se acordaron del maíz y emprendieron el regreso.
Vieron en el camino al chacarero que cambiaba todos los postes de su alambrado, y a un hombre rubio, que detenido a su lado a caballo, lo miraba trabajar.
--Le digo que va a pasar,--decía el pasajero.
--No pasará dos veces,--replicaba el chacarero.