El potro salvaje y otros cuentos
El potro salvaje y otros cuentos —¡Perdón, perdón! —gritaba la criatura, retorciéndose entre las chispas y las nubes de humo. Las ruedas amarillas, rojas y verdes giraban vertiginosamente, unas a la derecha y otras a la izquierda. Los chorros de fuego tangente trazaban grandes circunferencias; y en el medio, quemado por los regueros de chispas que le cruzaban el cuerpo, se retorcÃa Juan Darién.
—¡Muestra las rayas! —rugÃan aún de abajo.
—¡No, perdón! ¡Yo soy hombre! —tuvo aún tiempo de clamar la infeliz criatura. Y tras un nuevo surco de fuego, se pudo ver que su cuerpo se sacudÃa convulsivamente; que sus gemidos adquirÃan un timbre profundo y ronco; y que su cuerpo cambiaba poco a poco de forma. Y la muchedumbre, con un grito salvaje de triunfe, pudo ver surgir por fin bajo la piel de hombre las rayas negras, paralelas y fatales del tigre.
La atroz obra de crueldad se habÃa cumplido; habÃan conseguido lo que querÃan. En vez de la criatura inocente de toda culpa, allá arriba no habÃa sino un cuerpo de tigre que agonizaba rugiendo.