El potro salvaje y otros cuentos
El potro salvaje y otros cuentos Poco a poco se alejaban del rancho, y a partir del quinto puente tuvieron que acampar sobre el terreno de operaciones. El undécimo fue la obra más seria de la campaña. El riacho tenía sesenta metros de ancho, y allí no era utilizable el desbarracamiento en montón de palmas. Fue preciso construir en forma pilares de palmeras, que se comenzaron arrojando las palmas, hasta lograr con ellas un piso firme. Sobre este piso colocaban una línea de palmeras niveladas, encima otra transversal, luego una longitudinal, y así hasta conseguir el nivel de la barranca. Sobre el plano superior tendían una línea definitiva de palmas, afirmadas con clavos de urunday a estacones verticales, que afianzaban el primer pilar del puente. Desde esta base repetían el procedimiento, avanzado otros cuatro metros hacia la barranca opuesta. En cuanto al agua, filtraba sin ruido por entre los troncos.
Pero esa tarea fue lenta, pesadísima, en un terrible verano, y duró dos meses. Como agua, artículo principal, tenían la límpida, si bien oscura, del riacho. Un día, sin embargo, después de una noche de tormenta, aquél amaneció plateado de peces muertos. Cubrían el riacho y derivaban sin cesar. Recién al anochecer, disminuyeron. Días después pasaba aún uno que otro. A todo evento, los hombres se abstuvieron por una semana de tomar esa agua, teniendo que enviar un peón a buscar 1a del pozo; que llegaba tibia.