El potro salvaje y otros cuentos
El potro salvaje y otros cuentos En estas circunstancias, cuando acarreaban tierra al puente grande, llovió cinco dÃas seguidos, y el charque se concluyó. Los zanjones, desbordados, imposibilitaron nueva provista, y tuvieron que pasar quince dÃas a locro guacho —maÃz cocido en agua únicamente—. Como el tiempo continuó pesado, los mosquitos recrudecieron en forma tal que ya ni caminando era posible librar el locro de ellos. En una de esas tardes, Banker, que se paseaba entre un oscuro nimbo de mosquitos, sin hablar una palabra, tiró de pronto el plato contra el sudo, y dijo que no era posible vivir más asÃ; que eso no era vida; que él se iba. Fue menester todo el calor elocuente de Braccamonte, y en especial la evocación del muy serio contrato entre ellos para que Banker se calmara. Pero Braccamonte, en su interior, habÃa pasado tres dÃas maldiciéndose a sà mismo por esa estúpida empresa.