El Salvaje

El Salvaje

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Pesadas de miel, las abejas caían sobre la piquera en tal profusión que Kean debió agrandar la entrada, y aun cepillar a las abejas que se adherían en racimo a las paredes de la colmena; mal hábito que, bien lo sabía Kean, indica o demasiado calor interior o exceso de abejas. Exceso, sí, y Kean se preguntaba cómo y por qué no habían enjambrado ya.

A fines de octubre Kean retiró la primera alza, con ocho espléndidos marcos. Si Kean y su familia no gustaban mucho de la miel, tenían en cambio amigos que la adoraban. Este excesivo amor a sus panales diole una luz brillante, aunque económica, que consistió en sustituir los ocho grandes marcos por veinticuatro secciones, permitiéndole así esta subdivisión halagar dulcemente al círculo de sus amigos.

De esta manera, la obtención de miel, que para Kean era una empresa casi secundaria, tornose de repente grave problema, y esto concilió para su fatalidad con los primeros síntomas de enjambrazón de que dieron señal las abejas.

Kean tenía dos chicos, hasta ese momento de salud perfecta. El mayor cayó de pronto con gastroenteritis y sus inacabables consecuencias. Pasado el periodo agudo, hallose que la criatura digería maravillosamente la miel. Visto lo cual, Kean refrenó sus prodigalidades de panales y se dispuso a hacer provisiones para el invierno.


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