El vampiro
El vampiro –Ha sido usted muy amable escuchándome, señor Grant.
¿QuerrÃa llevar su amabilidad hasta aceptar una invitación a comer en mi compañÃa el martes próximo? Cenaremos solos en casa.
Yo tenÃa un cocinero excelente, pero está enfermo.
Pudiera también ser que faltara parte de mi servicio.
Pero a menos de ser usted muy exigente, lo que no espero, saldremos del paso, señor Grant.
–Con toda seguridad.
¿Me esperará usted? –Si a usted le place.
–Encantado.
Hasta el martes entonces, señor Rosales.
–Hasta entonces, señor Grant.
Yo tenÃa la impresión de que la invitación a comer no habÃa sido meramente ocasional, ni el cocinero faltaba por enfermedad, ni hallarÃa en su casa a gente alguna de su servicio.
Me equivoqué, sin embargo, porque al llamar a su puerta fui recibido y pasado de unos a otros, por hombres de su servidumbre, hasta llegar a la antealcoba, donde tras larga espera se me pidió disculpas por no poder recibirme el señor: estaba enfermo, y aunque habÃa intentado levantarse para ofrecerme él mismo sus excusas, le habÃa sido imposible hacerlo.