El vampiro
El vampiro Pero yo creé estérilmente, y éste es el error que cometÃ.
Lo que hubiera hecho la felicidad del más pesado espectador, no ha hallado bastante calor en mis manos frÃas, y se ha desvanecido.
El amor no hace falta en la vida; pero es indispensable para golpear ante las puertas de la muerte.
Si por amor yo hubiera matado, mi criatura palpitarÃa hoy de vida en el diván.
Maté para crear, sin amor; y obtuve la vida en su raÃz brutal: un esqueleto.
Señor Grant: ¿Quiere usted abandonarme por tres dÃas y volver el próximo martes a cenar con nosotros? –¿Con ella.
? –SÃ; usted, ella y yo.
No dude usted.
El próximo martes.
Al abrir yo mismo la puerta, volvà a verla, en efecto, vestida con su magnificencia habitual, y confieso que me fue muy grato el advertir que ella también confiaba en verme.
Me tendió la mano, con la abierta sonrisa con que se vuelve a ver a un fiel amigo al regresar de un largo viaje.
–La hemos extrañado a usted mucho, señora –le dije con efusión.