El vampiro
El vampiro Una noche hallé el ambiente cambiado.
La excitación de mi amigo era visible.
–He hallado por fin lo que buscaba, señor Grant –me dijo–.
Ya observé a usted una vez que estaba seguro de no haber cometido ningún error.
¿Lo recuerda usted? Pues bien: sé ahora que lo he cometido.
Usted alabó mi imaginación, no más aguda que la suya, y mi voluntad, que le es en cambio muy superior.
Con esas dos fuerzas creé una criatura visible, que hemos perdido, y un espectro de huesos, que persistirá hasta que.
¿Sabe usted, señor Grant, qué ha faltado a mi obra? –Una finalidad –murmuré–, que usted creyó divina.
–Usted lo ha dicho.
Yo partà del entusiasmo de una sala a obscuras por una alucinación en movimiento.
Yo vi algo más que un engaño en el hondo latido de pasión que agita a los hombres ante una amplia y helada fotografÃa.
El varón no se equivoca hasta ese punto, advertà a usted.
Debe de haber allà más vida que la que simulan un haz de luces y una cortina metalizada.
Que la habÃa, ya lo ha visto usted.