El vampiro
El vampiro A las primeras palabras cambiadas: –¿Es usted español? –le pregunté, extrañado de la falta de acento peninsular, y aun hispanoamericano, en un hombre de tal apellido.
–No –me respondió brevemente; y tras una corta pausa me expuso el motivo de su visita–: Sin ser un hombre de ciencia –dijo, cruzando las manos encima de la mesa–, he hecho algunas experiencias sobre los fenómenos a que he aludido en mi correspondencia.
Mi fortuna me permite el lujo de un laboratorio muy superior, desgraciadamente, a mi capacidad para utilizarlo.
No he descubierto fenómeno nuevo alguno ni mis pretensiones pasan de las de un simple ocioso, aficionado al misterio.
Conozco algo la singular fisiologÃa –llamémosla asÖ de los rayos N1, y no hubiera vuelto a insistir en ellos, me parece, si el anuncio de su artÃculo hecho por un amigo, primero, y el artÃculo mismo, después, no hubieran vuelto a despertar mi mal dormida curiosidad por los rayos N1.
Al final de sus comentarios impresos, sugiere usted el paralelismo entre ciertas ondas auditivas y emanaciones visuales.
Del mismo modo que se imprime la voz en el circuito de la radio, se puede imprimir el efluvio de un semblante en otro circuito de orden visual.
