Historia de un amor turbio
Historia de un amor turbio VI
El viaje de Rohán duró ocho años. Después de una larga temporada de idilios montmartrenses, —y en bohardillas, para más carácter, a ejemplo de todos los muchachos americanos que van muy jóvenes a ParÃs—, dedicóse a conocer bien la pintura. Frecuentó museos y talleres con la asiduidad exagerada de quien trata de convencerse de este modo de un amor que no siente mucho; leyó cuanto es posible leer sobre arte, y al cabo de tres años de esta efervescencia de erudición, un libro cualquiera le hizo ver de otro modo las cosas, e ingresó en un taller de fotograbados, con el fin de hacerse honradamente útil. Lo primero que hizo fue comprar una blusa azul, y lo segundo pasear orgullosamente con ella. Siguió dos meses el aprendizaje. Aprendió cosas preciosas para un obrero, pero absolutamente superfluas para él. Compró una máquina completa de fotograbados para trabajar luego, aunque sabÃa muy bien que todo eso era en él una monstruosa farsa. Hasta que al fin, devorado de repugnancia ante sus diarios sofismas, abandonó todo.
Su padre, bastante encantado de esa febril procura de vocación, común en los seres que no tienen fuerzas para seguir la que verdaderamente sienten, esperaba.