Más alla
Más alla Porque al revĂ©s de lo que pasaba con nosotros, Ella vivĂa a medias, sufrĂa con fidelidad la pasiĂłn de sus personajes. Cuando nuestros films se exhibĂan, nosotros, como ya lo he advertido, desaparecĂamos de la tertulia. Ella, no. PermanecĂa recostada allĂ mismo, arropada de frĂo, con la expresiĂłn ansiosa y jadeante. Simulábamos no notar su presencia en tales casos; pero cuando apenas concluida la proyecciĂłn se incorporaba en el diván, ella misma nos expresaba entonces su quebranto.
—¡Oh, quĂ© angustia! —nos decĂa descubriĂ©ndose la frente—. Siento todo lo que hago, como si no hubiera fingido en el estudio… Antes, yo sabĂa que al concluir una escena, por fuerte que hubiera sido, podĂa pensar en otra cosa, y reĂrme… Ahora, no… ¡Es como si yo misma fuera el personaje…!
Bien. Nosotros habĂamos llegado legalmente al tĂ©rmino de nuestros dĂas y nada les debĂamos. Ella habĂa tronchado los suyos. Su vida inconclusa sufrĂa un fuerte dĂ©ficit, que su fantasma cinematográfico se iba cobrando, escena tras escena, de lo que Ella habĂa supuesto fingidos dolores…
DebĂa pagar. De su amor, nada nos habĂa dicho, hasta la noche en que al concluir su tarea murmurĂł amargamente:
—¡Si al menos… si al menos pudiera no verlo…!