Más alla
Más alla —¡No es posible —dejaba Ella escapar a veces después de su trance— sufrir más de lo que sufro! ¡Tres cuartos de hora viéndolo en la platea…! ¡Y yo, aquÃ…!
Insensiblemente, todos habÃamos olvidado nuestros paseos a la luz de la luna y nuestros cuchicheos sin calor, para no contemplar sino aquel tormento. PresentÃamos de un modo oscuro que Ella no podrÃa resistir las torturas que con una crueldad sin ejemplo proseguÃa infligiéndole su vida trunca.
¡Morir de nuevo! ¿Pero nunca, nunca debÃa hallar descanso quien lo buscó rendida más allá de la existencia, comprando con puñados de arsénico la parálisis de su amor?
—¡Oh, morir! —decÃa ella misma, oprimiéndose la cara entre las manos—. ¡Y no verlo, no verlo más!
Pero del otro lado de la pantalla, Dougald Mac Namara no apartaba sus ojos de Ella.
Una noche, a la hora triste, mientras Ella yacÃa inmóvil en el diván, semioculta por cuantos plaids habÃamos podido echar sobre su cuerpo, la joven apartó de pronto las manos de sus ojos.
—No está… —dijo lentamente—. Hoy no ha venido…