Más alla
Más alla Pasé la noche en vela, más confundido que los hombres de Babel. No quiero ver a un médico: para escándalos, hay ya bastante con los habituales. Pero en la estación, adonde fui esta mañana a informarme del horario de trenes, tuve la primera sorpresa del dÃa.
Mientras hablaba con el empleado, alcancé a ver por la ventanilla el gran calendario de papel.
—Andan adelantados aquà —le dije señalando el almanaque.
—¿Qué cosa? —inquirió el hombre.
—El calendario.
—¿Qué tiene el calendario?
—Nada… sino que está un poco avanzado.
—¿Avanzado? 1927.
—No, 1921.
El hombre, dudando al fin de sà mismo, echa una rápida ojeada atrás.
—Ya ve —me dijo volviéndose a sus números—. 1927.
—No, 21 —repetà yo.
—Bien; ¡déjeme en paz, señor! —concluyó el empleado mirándome—. Si no está satisfecho del almanaque, ahà tiene el libro de quejas.
Yo miré entonces el calendario y al hombre tres veces, y salà despacio al andén.