Más alla
Más alla ¡1927! ¡2 de abril de 1927! ¡Y el último recuerdo que yo tenÃa databa de ayer, el 24 de febrero de 1921!
Con muchÃsimo menos que esto un hombre puede volverse loco. ¡Loco, loco! Esta palabra danza como un aro de fuego ante mi tiniebla mental. ¿Cuándo lo estuve? ¿Lo estoy ahora?
¡Pero no! Todo aquà me dice lo contrario… Y aun noto, como noté anoche en el chofer, una deferencia a mi respecto que raya en la admiración. Si se exceptúa al boletero de esta mañana…
Esta noche sale el tren. Dentro de dÃa y medio estaré en Buenos Aires… si es que Buenos Aires existe todavÃa.
Si alguna duda me quedaba en el hotel, al llegar aquà a Buenos Aires he sentido, en todo, la vejez del mundo. Han transcurrido dos mil ciento noventa y tantos dÃas de luchas, pasiones y agonÃas de las que no tengo ninguna idea. No he estado enfermo durante ese tiempo. Ni inconsciente, ni cataléptico. Mi cuerpo ha vivido, e igualmente mi alma. Pero nada sé de lo que he pensado y hecho en esos seis años. Mi yo, que conozco y habla en este momento, está adherido a una calle asoleada, desde el 24 de febrero de 1921.