Más alla
Más alla En este estado de ánimo he volado esta mañana a casa de mi médico. Si yo esperaba que al verme se echara atrás de sorpresa, no pasó asÃ. Se alegró simplemente de que hubiera llegado bien, pues me esperaba hoy. Y me miraba como si yo no volviera en realidad de un viaje mortuorio de seis años.
HabÃa llegado el momento de comprender.
—¿Entonces, me esperaba? —le dije con pausa, mirándolo en las pupilas.
—¡Claro! Su telegrama era bien explÃcito —me respondió.
—¡Ah! ¿Y era mÃo?
—Supongo que sÃ.
—¿Julio Roldán Berger?
—¡Vamos…!
—¡No, no! —le dije—. El caso es más serio de lo que usted cree. Respóndame tal cual le pregunto, como si yo no lo supiera. ¿Qué tiempo hace que usted no me ve?
—Muy bien: quince dÃas.
—¿Por qué?
—Porque estaba en el lago Negro.
—¿En la cordillera?
—Claro. Y ahora permÃtame…