Más alla
Más alla —No, no me pregunte nada todavÃa. ¡Por favor, Campillo! MÃreme bien y respóndame con entera franqueza: en estos seis años últimos, ¿notó usted algo de anormal en mÃ?
—Nada.
—¿Nada?
—¡No, nada! ¡Nada! ¿Cuántas veces quiere que se lo repita? ¡Vamos, Berger!
—TodavÃa un poco más. ¿Y no estuve enfermo… de gravedad alguna vez?
—No.
—Y… ¿no estuve… loco?
Aquà la expresión del médico cambió.
—Pierda cuidado, no estoy loco ahora —le dije—. MÃreme más todavÃa y verá… ¿Pero antes? ¡Campillo, amigo…!
Mas el alienista no parecÃa ya fastidiado por mi interrogatorio idiota. Me hizo sentar a su frente y me dijo con calma:
—No le pregunto nada; cuénteme usted lo que quiera.
—¡Muy bien! Asà nos entenderemos. Y comienzo. ¿Sabe usted cuál es el último recuerdo que tengo de mis pensamientos, de mis actos, de mi vida, en fin? De anteayer.
—Algún golpe…