Más alla
Más alla —No me he golpeado en parte alguna. ¿Sabe cuándo es anteayer para m�
—No.
—El 24 de febrero de 1921. Tal es el caso.
Campillo echó el cuerpo atrás para mirarme mejor, y yo me levanté con las manos en los bolsillos.
—Tal como lo oye —concluà frÃamente—. Anteayer, cuando cruzaba la calle e iba a pisar la vÃa, me encontré en la cordillera con un lago violeta a mis pies y un crepúsculo lleno de frÃo, dando fin en ese instante a la misma reflexión que habÃa comenzado un segundo antes al pisar la vÃa. Y parece que han pasado seis años de un instante a otro. ¿Cómo? Es lo que yo deseo que me explique.
Y la explicación me llegó por fin, en pos de un sinnúmero de preguntas insidiosas del médico. He aquÃ, pues, lo que ha pasado.
Yo pertenezco a una familia de nerviosos, donde han prosperado algunos histéricos y hasta alguna abuela epiléptica. Personalmente no he tenido nunca desarreglos nerviosos ni mentales, si se exceptúa acaso el estado afectivo anormal de que he dado cuenta, a principios de 1921.