Más alla
Más alla —Nada, si se refiere usted a cosa distinta de la impresión de una placa sensible. Es ésta una pobre experiencia que no repetiré más, tampoco. Cerca de nosotros puede haber cosas más interesantes… Cuando usted me vio hace un momento, yo seguÃa el haz luminoso que atravesaba la sala. ¿Le interesa a usted el cinematógrafo, señor Grant?
—Mucho.
—Estaba seguro. ¿Cree usted que esos rayos de proyección agitados por la vida de un hombre no llevan hasta la pantalla otra cosa que una helada ampliación eléctrica? Y perdone usted la efusión de mi palabra… Hace dÃas que no duermo, he perdido casi la facultad de dormir. Yo tomo café toda la noche, pero no duermo… Y prosigo, señor Grant: ¿Sabe usted lo qué es la vida en una pintura, y en qué se diferencia un mal cuadro de otro? El retrato oval de Poe vivÃa, porque habÃa sido pintado con «la vida misma». ¿Cree usted que sólo puede haber un galvánico remedo de vida en el semblante de la mujer que despierta, levanta e incendia la sala entera? ¿Cree usted que una simple ilusión fotográfica es capaz de engañar de ese modo el profundo sentido que de la realidad femenina posee un hombre?
Y calló, esperando mi respuesta.
Se suele preguntar sin objeto. Pero cuando Rosales lo hacÃa, no lo hacÃa en vano. Preguntaba seriamente para que se le respondiera.