Más alla
Más alla ¿Pero qué responder a un hombre que me hacÃa esa pregunta con la voz medida y cortés de siempre? Al cabo de un instante, sin embargo, contesté:
—Creo que tiene usted razón, a medias… Hay, sin duda, algo más que luz galvánica en una pelÃcula; pero no es vida. También existen los espectros.
—No he oÃdo decir nunca —objetó él— que mil hombres inmóviles y a oscuras hayan deseado a un espectro.
Se hizo una larga pausa, que rompà levantándome.
—Van ya diez minutos, señor Rosales —sonreÃ.
Él hizo lo mismo.
—Ha sido usted muy amable escuchándome, señor Grant. ¿QuerrÃa llevar su amabilidad hasta aceptar una invitación a comer en mi compañÃa el martes próximo? Cenaremos solos en casa. Yo tenÃa un cocinero excelente, pero está enfermo… Pudiera también ser que faltara parte de mi servicio. Pero a menos de ser usted muy exigente, lo que no espero, saldremos del paso, señor Grant.
—Con toda seguridad. ¿Me esperará usted?
—Si a usted le place.
—Encantado. Hasta el martes entonces, señor Rosales.
—Hasta entonces, señor Grant.