Más alla
Más alla »—¡Duerme en paz! Yo velaré por tu hija como tú mismo.
»Quedamos solas entonces, mi criatura y yo, ella vendiendo salud por las mejillas, yo, reponiéndome a su lado de mi largo quebranto.
»¡Criatura mÃa! ParecÃa haber sumado a las suyas las fuerzas de su pobre padre: de tal modo la alegrÃa de su semblante iluminaba nuestra existencia. No era vana la promesa hecha a mi marido al morir. Como él, yo concentraba ahora en nuestra hija la inmensidad de mi afecto y de mi soledad.
»¡Oh!, velaba por ella, puédeseme creer, como si la continuidad de mi vida y la del mundo entero no tuvieran otro destino ni fin que la felicidad de mi hija. ¡Qué sueños de dicha no he hecho para ella, con mi criatura dormida en mis brazos, y sin decidirme a acostarla! ¡Cuán leve me parecÃa el sacrificio de mi cansancio, si con él podÃa infundir en su cuerpecito lo que me restaba de vida!