Pasado amor
Pasado amor —Un momento. Me he preguntado mil veces el por qué de esa oposición. He considerado uno por uno los motivos que pueden ustedes tener para proceder asÃ, y no hallo uno que levante tal imposible. Mi posición, primero: no soy rico, ni mucho menos; ustedes lo saben bien. Pero tampoco ignoran que puedo bastarme a mà mismo —y a mi familia, cuando la he tenido—, y que Magdalena se sentirÃa feliz con lo que yo pudiera ofrecerle.
—No es eso…
—Un momento. Mi carácter: a usted mismo, una noche que comÃa en su casa, le oà hablar, defendiéndome, de lo que han dado en llamar la dureza excesiva de mi mano…
—Tampoco es eso…
—La diferencia de edad: es grande, sin duda; pero no alcanza por sà sola a crear tal oposición. Mi falta de creencias: me explicarÃa que su mamá…
—No, no —interrumpió por fin Salvador—. No es ninguno de esos motivos en particular: es «el conjunto». En casa estamos convencidos de que Magdalena no será nunca feliz con usted. Ella es libre.
—¿Libre? ¿Ustedes llaman libertad a la enorme presión que ejercen sobre esa criatura?
—Nada le decimos nosotros.
—En eso consiste la presión. Vive entre su familia como si no existiera para ustedes.