Pasado amor
Pasado amor —Ella es libre, le repito, de hacer lo que quiera.
—¿Aun casarse? —SÃ.
Morán quedó un instante mudo. Luego:
—¿Y el precio de esa libertad?
—Usted insiste en la palabra. Para nosotros habrá muerto. Ella es libre de casarse cuando quiera. Tiene su hijuela perfectamente separada…
Morán, que en ese instante se colocaba sus anteojos de auto para contrarrestar el sol de frente, sonrió.
—Supongo que usted no quiere insultarme…
—No; lo digo para demostrarle que Magdalena puede casarse cuando quiera; pero que no cuente más con nosotros.
Morán no vio sino una cosa: que Magdalena era por fin suya. Enternecido a su pesar por el afecto que por algunos años habÃa tenido a Salvador:
—¿Debo considerar que nuestra amistad particular queda también concluida para siempre? —SÃ, mientras mi hermana viva.