Pasado amor
Pasado amor En los ambientes alejados de la civilización, los hombres de carácter llegan a estimarse. Es el caso de Salvador y Morán, bien que uno y otro supieran qué abismo se abrirÃa entre uno y otro al menor choque. Pero en las fronteras primitivas, el fuerte trabajo y el calor impulsan de noche al alma a la conciliación.
La presencia de Morán en el bar fue grata a todos. Apreciábanse sus dotes de trabajo y su discreción a toda prueba; pero en las chacotas a que se prestaba de buen grado, notábase siempre una sima insalvable entre Morán y los de IviraromÃ, abismo que ellos respetaban, tanto más cuanto que sentÃan la misma sima entre Morán y los IñÃguez, a pesar de los aires de éstos.
En la amistad de Salvador —y de toda la familia— a Morán, influÃan no poco los conocimientos adquiridos por éste en sus tres años de observación y ensayos constantes en el cultivo de la yerba. Cualquier hombre, con una pala de punta y una azada en la mano, aprende en tres años más agricultura que la que pueden enseñarle un centenar de textos con diagramas sobre la germinación al 1/1000. Si se agrega a esto el olfato silvestre de Morán y una chispa de imaginación para entrever lo que pasa bajo tierra, se comprenderá el provecho, sin apariencias de tal, que el joven IñÃguez podÃa obtener con su abrazo de llegada.