Pasado amor
Pasado amor —¡MÃrela usted! No es sólo usted el sorprendido —decÃa la señora a Morán, que observaba a Magdalena con atención—. ¿Recuerda usted a los D’Alkaine, que pasaron diez dÃas con nosotros antes de irse usted? Pues estuvieron aquà de paso hace un mes, y no reconocieron a mi hermosa Magdalena. ¿Lo oyes, criaturica? Morán, aun siendo quien es, podÃa haberte encontrado por ahà sin reconocerte.
—En efecto —asintió brevemente el aludido. Y volviéndose a Salvador:
—¿Cómo dice usted que se llama el naturalista de que me hablaba ayer?
—Ekdal. Halvard Ekdal. Es noruego, o cosa asÃ…
—Conozco el nombre.
—Han venido del Sur. Vivieron muchos años en los lagos. Creo que se van a entender con usted.
—¡Y sà que lo creo! —intervino la señora—. Ya nos habÃamos dicho todos: ¡Ojalá estuviera Morán aquà para hablar con Ekdal, él que es tan habilidoso!
—¿Es casado? —preguntó Morán.
—SÃ, y con una excelente mujercita… Yo creo que es tan sabia como él. Y un poco rara, ¿verdad, Marta?
—No poco, mucho —afirmó la joven.