Pasado amor
Pasado amor A la media hora de estar con ellos, Morán agradecÃa al destino el haber llevado a Ekdal a IviraromÃ. Nada atraÃa tanto a Morán como la ingenuidad —en la mujer, desde luego—, pero muchÃsimo más en el hombre. Ekdal, por bajo de una vasta cultura, era la ingenuidad misma. Cuanto tenÃa Morán de hosco e impenetrable para el común de las gentes, se desvanecÃa ante un alma asÃ, entregando él a su vez la dosis de candor infantil que guardaba celosamente bajo su duro aspecto.
Como a Morán interesaban las ciencias naturales, agregóse esta similitud de gustos a las afinidades morales ya mutuamente descubiertas desde las primeras miradas. Y Morán se volvió a su casa a través de la noche frÃa y clara, prometiéndose no desperdiciar aquella ocasión de aprender algo de lo muchÃsimo que ignoraba.