Pasado amor
Pasado amor De hecho, la amistad de Morán y los Ekdal quedaba sellada desde el instante de conocerse. Morán pasó de dÃa largas horas entre los pensionistas zoológicos de todo orden, género y especie que entretenÃa Ekdal, y de noche pasaron largas horas de charla a la luz del alcohol carburado.
Naturalmente, la influencia de la yerba mate alcanzaba hasta allÃ, y el mismo Ekdal, aunque zoólogo, habÃa prestado atención a su cultivo.
Enteró asà a Morán de una aventura acaecida con los IñÃguez en la plantación de éstos, hacÃa varios meses.
Hablando una tarde con el mayor de los IñÃguez, expuso Ekdal la posibilidad de que un dÃa u otro los grandes almácigos de yerba, entre los cuales se hallaban en ese momento, se vieran atacados por una plaga no anunciada aún, pero cuyos perjuicios serÃan incalculables.
—¿Por qué habÃamos de tener esa plaga? —repuso Pablo—. Estos almácigos están perfectamente sanos.
—Porque ésa es la ley natural cuando se hacinan elementos orgánicos en desproporción con su régimen de vida. Yo creo que ustedes deberÃan prevenirla.
—¡Ah, sÃ! ¿Y cómo?
—No podrÃa decirlo, pero ciertamente del mismo modo como se previenen estas cosas… Cultivos de casos aislados, análisis en el laboratorio, etcétera.
