Pasado amor
Pasado amor —Pues usted se sienta aquà —dijo la señora—. Y en penitencia va a comer mal. ¡Vea usted que perderse de casa de este modo! Y tú, Magdalena, hija mÃa, ve a la cocina y hazle servir lo que puedas.
Magdalena salió corriendo a transmitir las órdenes maternas. La sirvienta puso el cubierto; pero quien sirvió a Morán fue Magdalena.
—¿No le causo demasiada molestia? —dijo Morán levantando los ojos a ella.
—Ninguna —repuso la joven—. Siento gran placer en hacerlo.
Sostuvo francamente la mirada que la interrogaba, y Morán sonrió.
—Oye, hija mÃa —dijo la señora—, sabes tú que Morán pagará con creces lo que tú haces por él. Morán: hemos pensado en usted para que le haga recordar a mi Magdalena el inglés que ya casi ha olvidado. ¡Es tan haraganica!
—Yo no soy haragana, mamá —se rió la joven, mientras esperaba sin prisa a que Morán concluyera su plato, hamacándose en un sillón.
—No, no lo eres; pero ¿por qué no quieres repasar tus libros de inglés? Es lo que siempre he dicho: ojalá mi Magdalenita se case con un hombre que no le hable sino en inglés…
Morán, que ya iba a ofrecer sus servicios de profesor, se contuvo.