Pasado amor
Pasado amor Pero Morán no fue a verla al dÃa siguiente, ni al otro, ni en toda esa semana. La tarde posterior al baile habÃa visto llegar al molinete de su casa a Adelfa, la negrita recogida por los IñÃguez, portadora de un libro que le devolvÃa la niña Magdalena.
Un poco extrañado, Morán abrió la cubierta, y adentro encontró unas lÃneas de Magdalena:
DevolvÃale la novela, «encantadora», aunque no tanto como las horas que Morán habÃa pasado en el bar…
Si en Iviraromà las clases humildes vivÃan de lo que pasaba en las castas superiores, éstas, a su vez, vivÃan de lo que sucedÃa entre aquéllas. La señora de IñÃguez, en particular, en su condición de amita de negros, interesábase por todo lo que concernÃa a las familias de los peones. Era evidente que Salvador habÃa comentado en su casa el baile de la noche anterior, y de aquà la carta recibida por Morán.
El tono de esta carta era de broma cordial; pero Morán conocÃa muy bien todo lo que puede mal disimularse bajo ese tono, y quedó satisfecho. Esa misma noche estaba en lo de IñÃguez, y por la primera mirada de Magdalena comprendió que ella también esperaba verlo.
