Pasado amor
Pasado amor Caía una llovizna helada cuando los invitados se retiraron. Morán, caminando a gran paso, no recordaba de todo aquel cálido reír y de brillar de luces más que tres cosas: la mirada de Magdalena al aparecer en el hall y descubrirlo a él al primer golpe de vista, entre veinte y tantas personas diseminadas; el haberla tenido a su lado en la mesa; y la felicidad por fin de haber hablado diez minutos a solas con ella —de cualquier cosa—, con las cabezas apoyadas en la vidriera.