Pasado amor
Pasado amor La alegrÃa de amar permite divertirse, allà donde sólo hay aburrimiento, y asimismo afrontar impunemente peligros a que en otra hora se hubiera sucumbido.
Morán no se entendÃa en todos los puntos con Ekdal; pero sentÃa tal estimación por la buena fe para pensar, trabajar y vivir de aquel hombre, que con gusto entregábale a veces las armas de una argumentación, ante el solo temor de apenarlo.
Mucho más viva era su intimidad con Inés. HabÃan acentuado su relación los comentarios y chismes sociales a que en otras circunstancias Morán no se hubiera prestado, pero que ahora le interesaban vivamente, por hallarse su corazón de por medio.
Inés, por su parte, no podÃa hablar con nadie, fuera de su amigo, con la libertad de espÃritu y de prejuicios que le concedÃan su raza y su educación: la misma educación que la hacÃa avanzar al encuentro de Morán, aunque Ekdal no estuviera en casa, con una alegre sonrisa que comenzaba al distinguirlo en el camino, y que no concluÃa hasta estrecharle fuertemente la mano.
—Venga mañana a tomar el té —le dijo Inés en una de esas ocasiones—. Vendrán también los IñÃguez.
