Pasado amor
Pasado amor Pasó un instante. Ella sonrió por fin, y como la mano de Morán temblaba sobre el tejido de alambre que guarnecía la reja, Magdalena le tendió la suya. Y él besó sus dedos por entre las mallas.
La joven se arrancó.
—No puedo estar más, hasta mañana.
—¡Óyeme!…
—¡No. vete! Nos van a ver.
—¡Óyeme! Sólo quiero decirte esto: ¡Te adoro!
Magdalena, que cerraba ya la ventana, se detuvo un instante, satisfecha y colmada de felicidad. Y corrió la falleba.