Pasado amor
Pasado amor Morán deseaba cambiar de ropa; pero también quería estar solo.
¡Misiones! Había salido dé él creyendo no volver en muchos años. Y ahora, apenas dos transcurridos, regresaba sin que nadie, ni él mismo, lo esperara. Su vista vagaba todavía por el interior de su casa. Ésa era la casa suya: lo sabía él muy bien. Y lo que efectivamente se había recogido en los rincones al hacer Morán brusca luz, era el espectro de su felicidad.
Aunque su dormitorio había sido transformado en los últimos días de su estancia allá, sus ojos, orientados sostenidos por su memoria, veían siempre la cama de matrimonio en el lugar donde lucía ahora un piso muy lavado. Y si no quedaba en él huella alguna de sus pasos, sabía bien que si cerraba los ojos podría hacer el trayecto, sin errar un milímetro, que salvó cien veces por noche los últimos días de la enfermedad de su mujer.
