Pasado amor
Pasado amor No puede decirse que Morán reviviera su martirio de entonces, pues no estérilmente el dolor ha golpeado sin piedad sobre las más agudas aristas del corazón. El amor de Morán habÃa pagado su tributo al tiempo, y nada le debÃa ya. Lo que parecÃa haber guardado la casa para lanzarlo a su encuentro apenas hiciera luz él, era el bloque de recuerdos ligados a cada puerta, a cada clavo de la pared, a cada tabla del piso. SurgÃan ahora, no a amargarle el alma, sino a recordarle, en un conjunto simultáneo y como fotográfico, sus grandes horas de dolor.
Morán no habÃa conocido la naturaleza sino a los treinta años. Pero del mismo modo que se descubre una vocación artÃstica ante un cuadro, Morán descubrióse una vocación natural para vivir al aire libre, libre de trabas para los ojos, los pasos y la conciencia.
Rompió sin esfuerzo con su vida de ciudad y se instaló en Misiones a cultivar yerba, menos por esperanzas de lucro que por necesidad de acción. HabÃa concretado sus ambiciones de riqueza en ganar lo necesario para ser libre, y nada más.