Pasado amor
Pasado amor —Entonces espérese un momento, y veo su famoso yerbal.
Y con jovial desenvoltura descendió del caballo, pasó bajo el alambrado de púa sin pincharse, y reptando y bajando de los grandes troncos caÃdos, estuvo por fin al lado de Morán.
—¡Uf! Hay demasiados palos en su yerbal… Muéstreme ahora lo que hace…
Morán le mostró sus plantas, llamando su atención sobre la forma de los tallos.
—Muy bien formados… ¿Pero no son finos para su edad? He visto otros más gruesos.
—SÃ, como son gruesas las criaturas obesas. Mis plantas son sanas.
Y para hacerse entender más, confió a Inés las razones que tenÃa para estar satisfecho de su yerbal.
—Entiendo —dijo Inés—. Pero me parece que usted encara la plantación desde un punto de vista muy personal. Usted hace filosofÃa y no agricultura.
—¿Yo? Yo soy agricultor, no comerciante.
—Los IñÃguez quieren obtener en seguida rendimiento de su dinero.