Pasado amor
Pasado amor —¿Están altas las ramas? —Se dirigió a Eduvigis—. Puedo trepar a ayudarla…
No, gracias. Ya tengo suficientes.
Concluida la cosecha, Alicia se volvió otra vez a Morán, y con una débil y dolorida sonrisa:
—Don Máximo: ¿ya no me quiere más?
—¡SÃ, mi vida! —explotó él, incapaz ya de contenerse.
Si la imagen de Magdalena se hubiera erguido en ese instante ante los ojos de Morán, él no la habrÃa visto, velada por el destello de felicidad, descanso y dolor recompensado que irradiaban los ojos de Alicia.
—¿Cuándo va?
—Hoy mismo —murmuró Morán. Eduvigis llegaba ya.
—Entonces —tendióle la mano la muchacha— a ver si lo vemos pronto, don Morán… —Allá veremos…
—¡Hasta esta noche! —Dijeron los ojos de Alicia.
—¡SÃ, sÃ, amor! —Afirmaron los de él. Pero Morán no fue. Hay sacrificios del deseo que sólo un hombre es capaz de apreciar.