Fedra
Fedra FEDRA.— Señor, nadie contempla dos veces la playa de los muertos. Puesto que Teseo ha alcanzado sus sombrÃas márgenes, inútilmente esperáis que un dios nos lo reintegre: el avaro Aqueronte no suelta su presa. ¿Qué digo? Ël no está muerto, pues que respira en vos. Paréceme tener siempre a mi esposo ante mis ojos, lo veo, lo hablo; y mi corazón… Me extravÃo, señor, mi loco ardor a mi pesar se revela.
HIPÓLITO.— Observo el prodigioso efecto de vuestro amor. Aun muerto, Teseo está presente a vuestros ojos. ¿Continúa vuestra alma encendida en amor por él?