Fedra
Fedra FEDRA.— Ella amó, sin embargo, aunque fuera escita y bárbara.
ENONA.— Él tiene un odio fatal contra, todo nuestro sexo.
FEDRA.— Asà no temeré rivales. Pasó la época de tus consejos, Enona. Sirve a mi furor y no a mi razón. El opone al amor un corazón inaccesible: busquemos el punto débil para atacarlo. Parece que lo conmueven las delicias del poder; Atenas lo atraÃa sin que pudiera ocultarlo; hacia ella dirigÃan la proa sus navÃos, y ya la vela flotaba abandonada al viento. Enona, ve a hablar en mi nombre a ese ambicioso joven: haz que la diadema brille ante sus ojos. Que sobre su frente descanse la sacra corona; yo no quiero otro honor que el de unirlo a mÃ. Cedámosle ese poder que soy inútil para conservar, Él instruirá a mi hijo en el arte del gobierno; quizá acceda a servirle de padre, Yo dejo en su poder al hijo y a la madre. En fin, ensaya cualquier medio para que ceda: tus palabras serán mejor acogidas que las mÃas. Urge, llora, gime; pÃntale a Fedra moribunda; no te ruborices de tomar una voz suplicante. Te aprobaré en todo; sólo en ti espero. Ve, aguardo tu vuelta para disponer de mÃ.