Fedra
Fedra TESEO.— ¿Qué extraña acogida es la que se hace a vuestro padre, hijo mÃo?
HIPÓLITO.— Sólo Fedra puede explicar este misterio. Pero mis encendidas súplicas pueden conmoverte, permitidme, señor, no volver a verla; aceptad que el tembloroso Hipólito desaparezca para siempre de los lugares que vuestra esposa habite.
TESEO.— ¿Vos abandonarme, hijo mÃo?