Fedra
Fedra ARICIA.— ¿Cómo podéis callaros en tan extremo peligro? ¿Dejáis en el error a un padre que os ama? Cruel, si despreciando el poder de mis lágrimas aceptáis sin pena no volver a verme, partid, separáos de la triste Aricia; pero, al partir, al menos asegurad vuestra vida. Defended vuestro honor de un vergonzoso reproche y forzad a vuestro padre a revocar sus votos. Es tiempo todavÃa. ¿Por qué, por qué capricho dejáis el campo libre a vuestra acusadora? Hablad claro a Teseo.
