El arte de no amargarse la vida
El arte de no amargarse la vida La aceptación también se extiende a uno mismo y a los demás. Muchas personas viven atormentadas por defectos propios o por la actitud de quienes los rodean. Sin embargo, nadie es perfecto. Exigir que los demás actúen siempre de la manera que uno desea es una receta segura para la frustración. Aceptar a los demás con sus imperfecciones —sin dejar de poner lÃmites cuando sea necesario— permite relaciones más sanas y menos conflictos.
Cuando se aprende a aceptar lo que no puede cambiarse, la mente se libera de una gran carga emocional. Se recupera la capacidad de disfrutar el presente, de adaptarse con flexibilidad a las circunstancias y de vivir con menos miedo. La vida no tiene que ser perfecta para ser valiosa, y cuanto antes se acepte esto, más plena será la experiencia de vivir.
Muchas personas pasan la vida buscando la felicidad en grandes logros, en el éxito profesional, en la pareja ideal o en la acumulación de bienes materiales. Creen que solo serán felices cuando alcancen ciertas metas o cuando su vida cumpla con determinados estándares. Sin embargo, esta búsqueda los condena a una insatisfacción constante, porque siempre habrá algo más que desear, algo más que alcanzar.
