La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Nada muere realmente aunque todo experimenta un cambio de forma y actividad.
Así dice el Bhagavad Gita:
«Nunca nació el espíritu ni nunca dejará de ser. Nunca hubo tiempo en que no fuera, pues sueños son el principio y el fin. Sin nacimientos ni muertes ni mudanzas permanece el espíritu por siempre. La muerte no lo toca, aunque parezca muerta la casa en que mora.»
Los materialistas arguyen frecuentemente contra la inmortalidad del alma diciendo que todo en la naturaleza se disuelve y destruye.
Si así fuese resultaría lógico inferir de ello la muerte del alma; pero en verdad no hay nada semejante porque nada muere realmente.
Lo que llamamos muerte o destrucción, aun del más insignificante ser inanimado, no sé más que un cambio de forma o condición de su energía y actividades.
Ni siquiera el cuerpo muere en el estricto sentido de la palabra. El cuerpo no es una entidad sino un agregado de células que sirven de vehículo a ciertas modalidades de energía que las vitalizan.
Cuando el alma deja el cuerpo, las células se disgregan en vez de agregarse como antes.
La unificante fuerza que las mantenía agregadas retiró su poder y se manifiesta la actividad inversa.