La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Porque, como nos enseña la filosofía, el mundo interno es mucho más real que el mundo externo de los fenómenos.
En efecto, el hombre no tiene un positivo conocimiento del mundo exterior, pues todo cuanto posee es el informe que el interno le proporciona de las impresiones recibidas del exterior.
El hombre no ve el árbol que mira, sino tan sólo la imagen invertida del árbol retratada en su retina.
Además, su mente ni siquiera percibe esta imagen, sino sólo el vibratorio informe de los nervios cuyos filamentos terminales excitó la imagen.
Así no hemos de avergonzarnos de aprovechar las reservas acopiadas en las intimidades de la mente donde permanecen muchas profundas verdades.
En las regiones subconsciente y superconciente de la mente está el conocimiento de muchas fundamentales verdades del universo, entre ellas las dos siguientes: 1.º, la certidumbre de la existencia de una suprema Potestad que compenetra y mantiene el universo; 2.º, la certidumbre de la inmortalidad de nuestro verdadero ser, del íntimo Yo que ni el fuego abrasa ni el agua ahoga ni el aire aventa.
La vista mental enfocada en nuestro interior hallará siempre el Yo con la certeza de su indestructibilidad.