Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) Violet dio un paso atrás, su mente tratando de procesar lo que él decía. Pero antes de que pudiera responder, la voz de Tairn retumbó en su cabeza.
—Cuidado, Violet. Esto no es solo poder. Es corrupción.
Ella se giró hacia Xaden, su mirada endureciéndose.
—¿Sabes lo que estás haciendo?
—Lo sé. —Xaden levantó la vista, y en su mirada había algo que la hizo estremecer—. Y también sé que no tengo elección.
El silencio que siguió fue denso, cargado de todo lo que ninguno de los dos se atrevía a decir. Pero para Violet, una cosa estaba clara: no podía permitirse perderlo. No a él.
—Entonces no lo hagas solo.
El cielo ardía. No por las estrellas o el sol, sino por los rugidos y las llamas que envolvían el horizonte como un presagio de guerra. Violet sentía el calor en su piel incluso a lomos de Tairn, mientras descendían a través del campo de batalla, una cacofonía de gritos, rugidos de dragones y explosiones que sacudían la tierra bajo ellos. La emboscada había sido brutal, calculada al límite, y el enemigo no había mostrado misericordia.
—¡A tu izquierda! —gritó Tairn a través del vínculo.
