Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) Xaden no respondió de inmediato. En lugar de eso, dejó escapar un largo suspiro, como si las palabras de Violet hubieran golpeado una parte de él que intentaba mantener oculta. Finalmente, murmuró:
—Si no hacía algo, todos habríamos muerto.
Ella lo observó detenidamente, tratando de encontrar una grieta en la máscara de resolución que él llevaba puesta. Pero en lugar de ira o arrepentimiento, lo que vio fue algo más profundo: una carga que lo aplastaba, un sacrificio que había aceptado hacer sin dudar.
—Eso no te convierte en un héroe —dijo Violet, suavizando su tono.
—Nunca quise serlo. —Xaden giró hacia ella, sus ojos ardiendo con una intensidad que la hizo contener el aliento—. Pero si tengo que ser el monstruo para que otros vivan, entonces lo seré.
Las palabras de Xaden quedaron flotando entre ellos como una barrera invisible. Violet quería gritarle, sacudirlo, hacer que entendiera que había otra manera. Pero no podía ignorar el peso de lo que él había hecho. Había salvado vidas, sí, pero también había abierto una puerta que no podía cerrarse.
—El fragmento te está cambiando, Xaden. Lo veo. Lo siento. —Su voz se quebró al final, y por un momento, vio un destello de vulnerabilidad en él.