Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) Antes de que pudiera decir más, un rugido gutural resonó desde las profundidades de la cueva. Algo más había despertado. Algo que no iban a poder detener fácilmente.
—Tenemos que irnos. Ahora. —Violet lo ayudó a levantarse mientras Tairn y Sgaeyl rugían en alerta desde la entrada.
Pero incluso mientras huían, Violet sabía que lo que había sucedido allí no era el final. Era el comienzo de algo mucho más grande, algo que cambiaría todo.
El aire fuera de la caverna era gélido y tenso, como si la misma naturaleza contuviera el aliento. Violet y Xaden apenas tuvieron tiempo de salir antes de que un estruendo profundo sacudiera las montañas, haciendo que rocas cayeran del precipicio. Los dragones, Tairn y Sgaeyl, rugieron al unísono mientras una sombra se extendía desde la entrada de la cueva, creciendo como una bestia desatada.
—¡Súbete! —rugió Tairn, sus ojos dorados centelleando con urgencia.
Violet no lo pensó dos veces. Corrió hacia él, sus botas resbalando en la nieve, y se subió de un salto a su lomo. A su lado, Xaden apenas logró montarse en Sgaeyl cuando una figura colosal emergió de la caverna.