Alas de sangre (Empíreo 1)
Alas de sangre (Empíreo 1) Tairn aterrizó a unos metros de Violet, su figura imponente eclipsando todo lo demás. Sus ojos ámbar se clavaron en los de ella.
—Es hora de demostrar si realmente mereces este vínculo, humana —dijo con un tono que era a la vez desafiante y protector.
Violet subió al lomo de Tairn con movimientos torpes, todavía poco acostumbrada al ritual. Pero cuando las alas del dragón se desplegaron y el suelo se desvaneció bajo ellos, sintió algo que la llenó de vida: el viento cortando su piel, la inmensidad del cielo y, sobre todo, el poder de saber que no estaba sola.
—No mires hacia abajo, Sorrengail —dijo Xaden desde su propio dragón, que volaba junto a ellos.
—No pienso hacerlo —respondió, apretando los dientes mientras Tairn se lanzaba hacia el corazón de la batalla.
El cielo se convirtió en un campo de fuego y sangre. Violet vio a dragones enfrentándose en el aire, sus colas azotando y sus garras rasgando como si fueran tormentas vivientes. Las flechas y las lanzas volaban desde ambos lados, algunas pasando peligrosamente cerca de su cabeza. Pero lo peor llegó cuando un dragón enemigo, de escamas rojas y ojos feroces, los interceptó.
—Cuidado, Tairn —gritó Violet, sintiendo el calor del aliento de fuego de la criatura.