Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —Que en este momento quedáis viuda —exclamó doña Eugenia fuera de sà y sin comprender lo que hacÃa.
—¡Jesucristo! —gritó doña Laura, y cayó desmayada.
—¿Qué has hecho? —dijo Valenzuela apresurándose a socorrer a doña Laura.
Pero doña Eugenia no le escuchaba porque habÃa apoyado su frente contra las rejas del balcón, y se habÃa desvanecido también.
En aquellos momentos expiraba don José de Mallades.