Las dos emparedadas
Las dos emparedadas Cómo supo el señor don Juan de Austria la muerte de su amigo don José de Mallades, y lo que hizo entonces
Doña Laura fue conducida a su aposento por don Fernando y doña Eugenia, la desgraciada joven estaba en una situación verdaderamente alarmante.
En los primeros momentos, lloró, gritó y parecía que iba a volverse loca.
En vano fue que Valenzuela y su esposa trataran de calmarla, aquel dolor no tenía consuelo.
Pero poco a poco fue serenándose, su llanto dejó de correr y entró en un silencio sombrío, más terrible aún que los anteriores extremos.
Se le hizo creer a la reina y a la corte que había amanecido enferma, y al principio, como aún no se había esparcido la noticia de la muerte de don José de Mallades, nadie hizo alto en aquella enfermedad repentina.
Cerca del medio día, un sacerdote entró en palacio, se dirigió a las habitaciones de las damas, y solicitó ver a doña Laura.
En vano doña Eugenia y Valenzuela le hicieron presente que estaba indispuesta, en vano trataron de comprometerlo a retirarse o a que les dijera al menos el objeto de su visita; el sacerdote insistió de tal manera, que fue preciso avisar a doña Laura.