Las dos emparedadas

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XVII

De cómo salió desterrado de España el E. S. Juan Everardo de Nitardo, de la Compañía de Jesús, inquisidor general de los reinos y señoríos de S. M., Consejero de Estado de la Junta de Gobierno, confesor de la reina doña María Ana de Austria, etc., etc.

El príncipe don Juan seguía avanzando con sus tres compañías y como si viniese al frente de un poderoso ejército, la consternación se había apoderado de todos los ánimos en Madrid.

Los partidarios de don Juan cobraban nuevos bríos, a medida que decaía más el ánimo de los del confesor de la reina; los indiferentes se hacían en aquellos momentos defensores del príncipe, y la reina no sabía en tales circunstancias más que lamentar la suerte que aguardaba al padre Nitardo.

Por aquella época, el cardenal Borromeo era en España el nuncio de S. S., y en aquel trance la reina y su confesor pensaron ocurrir a su intercesión para con el príncipe, y encargarle llevase a éste una carta del Papa en que le recomendaba que tuviese toda clase de obediencia y miramientos para con la reina.

Doña Inés se apercibió de esto, y mandó en el momento llamar a su padre el marqués de Río Florido.


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